martes, 17 de septiembre de 2013

When you say nothing at all.

Me levanto temprano y miro el calendario. Ya sólo quedan dos meses para mi viaje a Irlanda. Lo estoy deseando... Me pongo mis shorts negros, una camisa vaquera y me calzo las converse azules. Cojo la bandolera, las llaves de casa y de la librería y salgo. Voy andando por las tranquilas calles de Londres, la verdad que me encanta Londres en primavera... Es tan bonito ver todos los árboles floridos, a la gente despierta desde las diez de la mañana. Los bares abren sus puertas y hasta ponen alguna que otra terraza, Covent Garden se tiñe de colores por las exposiciones que tienen y ver las caras de felicidad de los niños porque solamente les quedan unos días de clase es genial.
Llego a la librería, abro y coloco mis cosas encima de la mesa. Abro las ventanas para que se ventile y abro las cortinas para que entre toda la luz posible. Seguro que, como todos los días, solamente se pasan el viejo señor Madsen y dos personas más...
Me coloco mis gafas de lectura y reviso las cuentas. Todo en orden. Me levanto y comienzo a colocar una de las cajas que trajeron la semana pasada cuando la campanilla de la puerta hace que me gire.
Un chico algo bajito, con una gorra y gafas de sol entra a la tienda y comienza a mirar una estantería, la de mis libros favoritos y que he colocado entre los "Más Vendidos" del último mes. Veo como busca algún título con el ceño fruncido y me acerco a él.

- Perdona... ¿Necesitas ayuda? - sonrío y se me queda mirando sin quitarse sus gafas.
- Sí, sí. Estaba buscando un libro... - se revuelve el pelo - Bueno, está claro que busco un libro, sino, no estaría aquí - ríe - ¿Tienes Hamlet de Shakespeare?
- Por supuesto. Pero no está ahí - me retiro dos estantes más lejos y cojo el libro en cuestión - Aquí está - se lo entrego - ¿Te gusta este tipo de lectura?
- En realidad me gustan las tragedias - ríe.
- ¿Has leído MacBeth o Romeo y Julieta? - se queda pensativo durante un rato y luego niega - Pues te recomiendo que leas el segundo - lo cojo de la estantería de más arriba - Llevatelo y lo lees. 
- De acuerdo. ¿Y si no me gusta?
- Lo devuelves - reímos y nos dirigimos a la pequeña mesa de madera en la que tengo puesta la "Caja" y meto Hamlet en una bolsa de plástico junto con Romeo y Julieta - Son quince libras.
- Aquí tienes - sonríe y le doy la bolsa a la vez que él me da el dinero - Muchas gracias.
- De nada.

Y cuando el chico se va, me quedo sonriente mirando por la ventana como dobla una esquina y desaparece de mi vista. Pues nada... Era mono.

*   *   *   *   *   *   *   *

Odio la comida para llevar, salvo del restaurante de la vecina de mis padres, Sally. La ventaja del restaurante de Sally es que está justamente al lado de casa, por lo que yo la llevo los platos y ella me lo hace ahí, tal y como a mí me gusta, y yo la pago la comida.
Salgo de su restaurante con un zumo de naranja en una mano y en la otra un buen plato de lasagna de carne. Huele genial. Quiero hincarla ya el diente...
Pero no. Yo y mi torpeza natural hacemos acto de presencia y me estampo contra un chico que gira la esquina, derramando parte del tomate de la lasagna encima de su camiseta.

- Mierda, mierda, mierda - digo rápidamente - Lo siento, no te había visto.
- No pasa nada, de veras.
- Lo siento de verdad - saco un pañuelo e intento limpiar parte de la mancha de la camiseta pero él me quita la mano.
- Que de verdad que no es nada - sonríe.
- Al menos déjame que te lave la camiseta. Ha sido culpa mía, y mi casa está ahí mismo - señalo el pequeño portal blanco con la puerta azul de esa casita de dos pisos que tengo - Y no tardo nada, de verdad. Por favor...
- Está bien. La verdad es que me harías un gran favor... Porque tenía una cena y no me da tiempo a volver a casa.
- Pues si quieres te puedes duchar, así no olerías a tomate - asiente y me acompaña hasta la casa.

Entramos y le señalo donde está el baño de la planta de abajo, el que tiene la ducha y se quita la camiseta con la mancha roja en mitad. Mierda... Toda la casa hecha un desastre y yo con visita...
Tiro la camiseta dentro de la lavadora y la pongo rápidamente mientras que con una mano meto toda la ropa sucia que hay tirada por el salón, y la mayoría es de Jade, mi compañera de piso, en el cesto de la ropa sucia, recojo los platos sin lavar que dejé anoche y cuando voy a guardar varias cajas de pizza y latas de Coca-Cola que hay tiradas por la encimera, aparece el chico de la camiseta, con una de tirantes negra y los mismos vaqueros que antes.

- Lo siento mucho, de veras... - él niega con la cabeza - ¿Quieres algo de tomar mientras que tu camiseta se seca?
- ¿La queda mucho?
- Unos cinco o diez minutos hasta que termine de lavarse y secarse...
- ¿Tienes café? - asiento - Pues un café - sonríe - Oye... Yo a ti te conozco.
- ¿De verdad? No creo - digo poniendo la cafetera y viendo como se calienta el café que he hecho esta mañana - Estará listo en un minuto.
- Sí... Eres la chica de la pequeña librería de Notting Hill.
- Sí que soy yo - río - ¿Cómo lo sabes?
- Me encantó Romeo y Julieta.
- ¿Eras tú? - asiente - ¿De verdad que te gustó? - vuelve a asentir - Te lo dije.
- Ya lo sé. Por cierto, soy Max. Max Helyer.
- Connie. Connie Madows - sonrío y sirvo dos tazas de café - ¿Leche y azúcar? - asiente y saco la leche y el azúcar.

Nos tiramos hablando más de los diez minutos que habíamos planeado y la verdad que es un chico de lo más genial. Tenemos muchas cosas en común, aunque no sé por qué, pero hay algo en él que me suena y no tengo ni idea de a qué asociarlo...

- Bueno, yo creo que me voy a ir ya - se coloca la camiseta.
- Te acompaño a la puerta

Cruzamos de nuevo la pequeña distancia que separa mi cocina de la puerta principal y nos quedamos mirando el uno al otro en mitad del hall.

- Que se te dé bien el concierto - digo y él sonríe.
- Podrías venir a alguno - me encojo de hombros - Encantado, Connie Madows - me estrecha su mano derecha.
- Lo mismo digo, Max Helyer - respondo a su gesto y él abre la puerta, pasados unos segundos para desaparecer por ella.

Cierro lentamente y me apoyo de espaldas a la puerta, sonriendo como la estúpida que soy y niego con la cabeza cuando llaman a la puerta. Me levanto sobresaltada y la abro.

- Se me ha olvidado algo - dice Max y me tiende un papel blanco con su nombre y unos cuantos dígitos - Llámame ¿vale? - y en vez de despedirse como antes, deja un leve beso en mis labios, que hace que miles de cosas que no sabría explicar, exploten en mi interior.

*   *   *   *   *   *   *   *   *   *   *   *

- ¡Connie! - el grito que pega Jane hace que pegue un bote en el sofá - ¡Qué vas a llegar tarde a tu cita!
- ¿Qué? - miro mi reloj y es verdad. En menos de quince minutos viene Max a por mí. Quiere presentarme a sus amigos - Mierda.
- Yo te ayudo a peinarte y eso, pero ¡vamos! - grita y da palmaditas hasta que estoy sentada en mi cama, poniéndome unos vaqueros largos, como puedo mientras que mi amiga me alisa el pelo - ¿Y qué vais a hacer? ¿Cena romántica, paseo nocturno y beso a la luz de la luna?
- Me va a llevar a cenar, sí, pero a casa de un amigo suyo. Que me quiere presentar a sus compañeros de la banda.
- Cierto, cierto, que tenía un grupo. De eso no me acordaba. Estate quieta por favor - me mira mal y termina de alisarme el pelo - Perfecta.
- Gracias - la sonrío y me pongo un jersey algo grande para mí, de color azul marino - ¿Cómo voy?
- Peeeerfecta - ríe de nuevo cuando llaman al timbre - Voy yo. Termina de coger tus cosas.

Asiento y escucho como ella y Max hablan entretenidamente en la puerta mientras yo cojo un pequeño bolso negro con todas las cosas que creo que necesito.
Salgo de la habitación y Max me mira sonriente y le devuelvo la sonrisa ampliamente.

- ¿Preparada para conocer a mis amigos?
- Supongo que sí - río y él llama a la puerta de la casa de sus amigos.
- ¡Hola Maxxie! - un chico rubio saluda y me mira - ¿Connie? ¡Encantado!
- Dan, esta es Connie. Connie, Dan - Max nos presenta y yo le doy la mano a su amigo.
- Encantada.
- Lo mismo digo - el chico sonríe - Pasad, no os quedéis ahí parados. Estamos todos en el salón esperándoos.

Entramos al salón y la cena comienza. La verdad, pensaba que iban a ser mucho más finos, refinados o algo así. Sobretodo si hay chicas, como son las novias de algunos de ellos y yo, delante. Pero no. Los da igual comerse las alitas de pollo con las manos, chuparse los dedos, eructar y esas cosas. Estoy así mucho más cómoda que si fuesen unos finolis de pacotilla como los que aparecen en la televisión. Nos pasamos toda la noche hablando y haciendo bromas los unos con los otros. Me preguntan sobre mi vida, yo les respondo y luego es a la inversa. Me han caído todos genial.

- Bueno chicos, nosotros tenemos que irnos ya - dice Max y le miro interrogante - Connie mañana tiene que madrugar y la voy a acompañar a su casa.
- NOOOO - exclama Chris - ¿Por quéeeeeee?
- Ehm... - haber como salgo yo de esta - Tengo una boda en una semana y la novia me reclama para la última prueba de los vestidos.
- ¡Ah bueno! Entonces si es una boda te lo consentimos - ríe Josh.
- Que las novias enfadadas dan mucho miedo - ríe Dan y nos despedimos de ellos con la mano.
- ¿Se puede saber a dónde narices vamos? - le digo a Max y él me señala un parque que hay enfrente.
- Ahí.
- A estas horas estará cerrado - digo y él se encoge de hombros.
- Pues nos colamos - me coge de la mano y tira de mí hacia la valla del parque - ¿O tienes miedo?
- ¿Pero tú quien te has creído que soy? - río y los dos comenzamos a escalar la mediana valla, cayendo al otro lado a los pocos segundos.

Comenzamos a andar por ese parque, ahora tan oscuro, sin decir nada. No creo que haya nada que decir ¿o si? No lo sé. Y como éste, no es uno de esos silencios incómodos, lo dejaré estar así.
Al final, acabamos sentados en un banco solitario que hay en mitad de una gran explanada.

- ¿Te lo has pasado bien? - asiento con una sonrisa - ¿De verdad? ¿No me mientes solamente por compromiso?
- Lo prometo - río y extiendo mi dedo meñique hacia él - Promesa de meñiques.
- De acuerdo - engancha su dedo meñique con el mío y sonríe, antes de tirar levemente hacia él y quedar a escasos centímetros el uno del otro.

Centímetros que no tarda en acortar, rozando sus labios con los míos en un tierno y cálido beso, a pesar de que estamos en pleno octubre en Londres, y lo que se dice calor, no hace. Sonrío entre sus labios y él suelta una pequeña risa, antes de seguir besándome.

*   *    *   *   *   *   *   *    *    *    *    *

- Entonces... ¿Cuánto hemos dicho que eran dos más dos? - pregunto al niño de ojos azules y pelo revuelto que tengo enfrente de mí.
- Ehm... Ehm... - estira su manita derecha y comienza a poner los deditos mientras que cuenta - ¡Cuatro! ¡Como mis años!
- Exactamente pequeño - le doy un leve beso en la mejilla - Aunque todavía te queda un poquito para los cuatro - ríe y le saco la lengua, cuando el sonido de la puerta abriéndose nos distrae a ambos - Mira quien ha llegado.
- ¡Papi, papi! - el niño sale corriendo por el pequeño pasillo hasta aterrizar en los brazos de su padre.
- Hola pequeño - ambos sonríen - ¿Qué tal el día?
- Bien. Mami me está enseñando a sumar - dice él muy feliz y yo sonrío desde el marco de la puerta.
- Connie, ya podrías ayudarnos con los instrumentos - Josh aparece por detrás de mis dos chicos cargando dos guitarras.
- No te lo crees ni tú Joshua - digo sonriente y Max se acerca a mí, dejando a Max junior en el suelo, el cual va corriendo hacia Josh a molestarle un rato - Hola.
- Hola - sonríe ampliamente mientras me mira - ¿Me habías echado de menos? - asiento levemente - Te he traído algo.
- ¿El qué? - se saca del bolsillo de la chaqueta un ejemplar de Romeo y Julieta y me lo muestra - Sé que te encanta.
- Y lo tengo repetido - le digo y lo cojo - Pero gracias.
- No creo que sea igual. Es el que te compré la primera vez que nos vimos - sonríe ampliamente y rodea mi cintura con sus brazos - Te he echado de menos.
- Y yo a ti.

Sonreímos y se acerca más a mí para dejar un beso en mis labios. Otro de los miles de millones que nos habremos dado ya desde aquel primero, en mi antiguo piso en pleno Londres. Otro de los miles que nos habremos dado en nuestra nueva casa en Notting Hill. Sonrío entre sus labios.

- Qué asco... - escucho la voz de Max Jr. y río.
- Lo sé mini enano, lo sé... - dice Josh y no podemos evitar comenzar, los cuatro, a reír.